- - ¡Marta! ¡Vamos Marta! – gritaba David, mientras
tocaba la bocina con furia. <<Que vergüenza, iban a llegar tarde a la
primera consulta con el terapeuta. ¿Por qué las mujeres se demoran tanto en
arreglarse?>> pensaba el marido.
Un par de minutos después su esposa se sentaba en el
asiento del acompañante. Sacaba su delineador y pintalabios para continuar
maquillándose. Amaba el maquillaje, con la tintura y un poco de rubor se sacaba
como diez añitos. Nadie le daba sus cincuenta recién cumplidos, hace un par de
meses la dijeron señorita y ya es toda una señora. Como
le inculcó su madre, “m`hija no salgas a la calle sin maquillaje, ni a coger el
periódico”, siempre salía retocada.
- - Por tu culpa vamos a llegar tarde, la sesión comienza con o sin
nosotros. Roguemos que el terapeuta esté demorado con otra pareja. En Argentina,
dan turnos pero te atienden una hora después.
- - En Argentina, en Argentina me tienes hasta el higo con ese bendito
país. Estamos en España, no quiero saber nada de otro país.
- - No cambies el tema…
- - Que no cambie el tema, si eres tú el monotemático. Lo único que te
importa es el dinero. ¡Dobla a la derecha! Hace treinta años que vives en
Madrid y no te ubicas, esta es la calle que va a la avenida donde está la
consulta.
Llamaron
al portero, una secretaria jovencita los atendió, les pidió el dinero de la
sesión y les convidó un café.
David
lo tomaba a sorbitos, pensando que con lo que le cobran por la consulta le
tendrían que haber traído una botella de wiski.
Jorge
el terapeuta los hizo pasar. Un hombre de mediana edad, panzón, pelo corto y
barba muy poblada. Al escuchar su nombre, David se sonrió era igualito a Jorge
Bucay, el sicólogo que salía en la tv cuando él era un pibe.
- - Siéntense por favor – hizo un ademan
señalando las sillas que estaban frente a su escritorio - ¿cuál es el motivo de su consulta?
- - Me quiero separar – dijo David.
- - ¡¿Qué?! – gritó Marta – yo
pensé que veníamos a aprender técnicas para resolver los conflictos del día a día.
Así que el señorito se quiere separar, debe haber alguna otra por ahí, claro ya
no le gusto.
David se quedó callado, algo de eso había, pero ya
había gastado todo su coraje en decir que se quería separar.
Jorge
intento calmar a Marta y miro a David esperando que alegara algo más.
- - Entonces David, ¿lo tienes claro? –
preguntó el terapeuta sorprendido, ya que si lo tenía tan claro que hacían en
su consulta.
- - Ehh, sí, bueno es que hace tiempo que las cosas no van bien Marta, no
sé por qué te haces la sorprendida – contestó
clavándole la mirada a su esposa.
- - No van bien me dice el cretino, pero si eres tú quien ya no me hace ni
caso, te digo cualquier plan y estas más pendiente del dinero que de disfrutar.
Además no me tocas ni un pelo, pero estas de lo más coqueto últimamente. ¡Claro
algo te traes!
- - Bueno no estamos aquí para lanzarnos reproches, más bien para
solucionar las cosas – intento poner paz Jorge – David, es cierto lo que dice Marta, ¿hay alguien más?
No
sabía dónde meterse, le tocaba contestar algo y rápido, pero no podía soltar la
verdad, aunque ni el mismo sabe cuál es esa verdad. Se perdió en sus
pensamientos intentando buscar una respuesta… La verdad es que hace un tiempo
que ha empezado a sentir cosas por otra persona, es alguien del trabajo. No ha pasado
nada relevante, aunque se muere de ganas y de miedo al mismo tiempo. Todo
empezó un día, con un roce de manos, unas miradas seguidas de sonrisas, algo
que le agrado demasiado y no puso impedimento. Cada día hablaban más y el
acercamiento era un peligro, intentó pensar en que tenía alguien especial a su
lado, pero las situaciones en casa no se lo ponían nada fácil. Los mensajes
eran cada vez más subidos de tono, simplemente jugaban, pero tenía miedo de
quemarse. Además a su edad, que dirían los demás, como lo mirarían en la calle.
- - Qué más da eso. Si no estamos bien, no es necesario que haya otra
persona –consiguió
contestar.
Marta le miraba con cara de asombro, es cierto que
tenían problemas, pero no sabía hasta qué punto, al final eran los típicos
roces; ella seguía empeñada que existía otra, se pasaba horas con el teléfono
en las manos y pasando de ella.
El profesional le dio como tarea escribir las cinco
cosas que más le gustan del otro y aquellas cinco que preferían que sean
diferentes. Ya sea actitudes, acciones, rutinas.
Al regresar a casa, ninguno de los dos emitió
palabra. Una tenue llovizna acompañaba su estado de ánimo y Juan decidió romper
la monotonía encendiendo la radio.
-“(...)El agua apaga al fuego, y al ardor, los
años. Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño…”
cantaba Sabina con esa voz ronca plagada de una vida
llena de excesos.
David apagó la radio, porque la canción lo había
dicho todo.
Ya en casa, Marta abrió una botella del vino que le
gusta a su esposo y sacó de la nevera unas gambas al ajillo. David entendió
esos gestos como un pedido de tregua. Esa noche hablaron de cosas banales pero
se miraron a los ojos y fueron amorosos.
Al desearse buenas noches se dieron un largo beso.
Ya sin los chicos, David solía dormir por comodidad en la habitación que fue
del mayor de sus hijos, pero esa noche decidió quedarse en la cama matrimonial
con su esposa.
A pesar de poner toda su voluntad para intentar
salvar su relación, su subconsciente le traiciono y soñó con la persona
incorrecta, lo que hizo que su delirio fuera aún más grande. Tuvo un despertar
un tanto caliente, al que su mujer reaccionó con una cara de sorpresa.
-
-Vaya, veo que te has levantado
bastante contento –comento su mujer con una sonrisa pícara en la cara.
- - Bueno… no es tan raro en los hombres –contesto intentando quitar
importancia.
-
-Pues vamos a aprovechar la situación.
Ella se lanzó y empezó a besar con ansia los labios
de David. Él no supo muy bien como reaccionar, pero se dejó llevar, pensó que
sería la mejor manera de quitarse esos pensamientos sucios con la persona
incorrecta. Una lucha de besos, caricias y gemidos envolvieron la habitación.
Ambos se dejaron llevar por la pasión que sentían, lo que no imaginaba Marta es
que él no estaba pensando en ella y este momento de pasión no fue compartido al
completo.
David se sintió sucio al acabar, miro la sonrisa de
Marta, ella parecía tan feliz y él a su vez tan culpable de lo que acababa de
hacer. Sus pensamientos le sumergieron en un letargo, necesita poner las cosas
claras. Si esto no había servido, igual era hora de tomar la decisión correcta
y acabar su relación.
Las
semanas pasaron y la rutina volvía a comerlos vivos, a distanciarse, a que cada
uno se enfoque en lo suyo. David en el trabajo y el fútbol, su esposa en la
casa y las reuniones con amigas. Los días terminaban con un beso frío, casi de
compromiso, y luego a dormir, aunque ya no en habitaciones separadas.
Volvieron
al terapeuta e hicieron ejercicios de introspección, cambios de roles y muchas
horas de conversación. Pero ya no había química por parte de David, los años,
la rutina habían vuelto a su esposa, en un personaje no deseable. Casi como un
pariente de sangre o el cura de la iglesia.
Llantos,
reproches e insultos dieron por finalizado el matrimonio. El ex esposo a dormir
en un hotel, como cuando llegó de Buenos
Aires con lo justo. Un par de billetes y una pequeña maleta.
Su vida
no había cambiado demasiado desde que rompió con Marta, seguía haciendo lo
mismo, pero sentía un ardor en el pecho. La sensación de que estaba solo, de
que no iba a cruzarse con su ex por ningún lugar, ni compartir una película o
una cena.
Por su
parte ella, lloraba por las noches hasta quedarse dormida. Con quien hablaba,
la mitad de la conversación era insultando al argentino, a quien le dio todo y
ahora se marchaba.
De
poco, David empezó a salir de tapas, con sus compañeros de trabajo. Pero pasó
tantos años casado que perdió el encanto para conquistar. No se animaba ni a
invitarle un trago a un desconocido.
Una
tarde noche, luego del trabajo, se cruzó en un bar con la única persona que
rondaba sus pensamientos. Era José Luis, su compañero de trabajo. Más de diez
años más joven que él, siempre impecablemente vestido y a tono. Nada que ver
con David que solía llevar la barba de dos o tres días y la camisa, mal
planchada, siempre por afuera del pantalón. Le hizo señas de la manera que un
náufrago a los rescatistas, de tal manera que medio bar ya se había dado cuenta
que David estaba llamando a alguien. Se tomaron tantos tragos que perdieron la
cuenta, casi tan borrachos como una cuba, David totalmente desinhibido no
pensaba con claridad y se dejó llevar.
No
podía dejar de mirar su boca, el deseo cada vez era más grande, ahora nada le
retenía y no tenía fuerzas para seguir resistiéndose. Se acercó despacio a José
Luis, el que no puso ningún impedimento, rozo suave sus labios, un escalofrío
recorrió su cuerpo y empezó a besar con ganas. Su compañero se quedó parado, lo
que a David le sorprendió y se retiró de golpe.
- - Disculpa, no sé qué ha pasado, son las copas –consiguió decir David que se moría de la vergüenza.
- - Ehh no, no es eso, perdona no me lo esperaba, yo creía que tú…
- - Sí, te entiendo ni yo sé que me pasa contigo, pero no podía ocultarlo
más.
José
sonrió, se levantó a la barra a pagar y volvió a la mesa a por David, cogió su
mano y tiro de él.
-
- Vamos a un lugar tranquilo, no
veía la hora de que esto pasara. Me gustas desde hace tiempo, pero pensé que
nunca te fijarías en mí y como estabas casado…- soltó
por fin José, dejando a David con la boca abierta. – pero ahora siento que es recíproco y no quiero quedarme con las
ganas de probarte.
- - Pero…bueno es que yo follo con hombres todo el tiempo, pero nunca con
alguien recién salido del closet.
- - Shhhh, lo que no te mata, te hace más fuerte. Voy a dar una probadita
de esto de los gays, tengo entendido que se la pasan muy rico.
El
apartamento de José estaba cerca, uno le tocaba la entrepierna al otro, que
respondía haciendo lo mismo, casi como espejados. David no daba crédito, pero
por suerte el alcohol hizo su cometido y le quito toda la vergüenza posible.
Sentía cada beso con urgencia y ganas, eran tan distintos a todo lo que había
probado hasta ese momento, le hacían arder, se sentía un quinceañero probando
algo nuevo.
Entraron
con prisas, cerrando de un portazo. Acabaron en el dormitorio, desnudándose con
urgencia. José tenía un cuerpo cuidado, de gimnasio, pero sin pasarse, se
marcaba cada músculo, lo que hizo que David no pudiera dejar de mirarle.
- - Estás tremendo –soltó David
divertido.
- - Vaya, muchas gracias. Me cansé de los chicos guapos que duran una
noche, estaba buscando alguien más maduro para asentar cabeza.
-
- Que frase, nunca mejor dicho,
“asentar cabeza” – dijo entre risas.
José
tomó la iniciativa, y empezó a desnudarle, tenía ganas de ver que se encendía
en su entrepierna. Ambos tenían una erección bastante visible y es que entre
ellos existía una química explosiva.
- - ¿Cómo es esto? – preguntó mientras su rostro se sonrojaba y se queda
inmóvil- ¿tú eres el activo?¿o soy yo? ¿Que rol me toca? ¿es por turnos? Mira
que a mí, nunca me han medido el aceite.
- - Deja de pensar con esto – mientras
se señalaba la cabeza- y déjate llevar
por esto – señalando su corazón.
La
mezcla de besos, caricias y gemidos tímidos, crearon un ambiente muy especial
entre ambos. David desde el principio se sintió relajado, confiando en su
compañero de cama. Las manos de José recorrían cada centímetro del cuerpo de
David, se detenía en su miembro y le tocaba fuerte. El tiempo corría deprisa,
pero para ellos eran simples minutos, se saborearon sin prisas. José se dejó
hacer y David saco su parte desinhibida y tomo el control, haciendo que ambos
disfrutaran de una manera increíble.
El
amanecer asomaba y ellos estaban exhaustos. David aún no dormía, estaba
intentando asimilar toda esa noche, ya no quedaba resto de su borrachera. Se
hacía un poco raro tener al lado una compañía masculina, aunque no dudaba en
recrearse la vista. Le abrazo y se dejó llevar por el sueño.
David
se levantó el domingo tipo 7 de la mañana y por más que era su casa, salió sin
decir nada. No sabía como tratar a su “`pareja”, con una mujer estaba todo
claro. El hombre es el sostén de la familia y regala flores. La mujer se
encarga de la casa: cocina, lava, plancha, hace las compras. El mundo estaba
dado vuelta, no sabía quien era en esta relación, ni que hacer.
Al
volver en sí, ya había caminado 4 o 5 manzanas. Se topó con un bar abierto,
pidió café para llevar y unos bollos, así tendría la excusa perfecta. Igual
miraba para todos lados y le temblaba el cuerpo, como si los demás pudieran
saber lo que había hecho, que era un “puto” según todo lo que le habían
enseñado desde que tuvo uso de razón. Había caído a lo más bajo, a lo más
depravado. Le temblaban las piernas, así que pidió un trago. Un wiskhy doble
para dejar asentar los prejuicios. Con cada trago que daba, decía para sí mismo
“que se jodan”. <<Que se joda la iglesia, su ex esposa, la sociedad, el
amor no tiene genitales. Te gusta algo y listo>>.
Ya casi
llegando a su departamento, estaba más calmo. <<Paso a paso>> se repetía,
mientras subía por el ascensor.
Al
girar la llave de la puerta, se topó con José Luis. Ya cambiado, quien estaba
justo por abrir la puerta para irse.
- - Traje el desayuno, no te vayas – dijo
David casi suplicando.
- - Muchas gracias, pensé que te habías marchado porque no me querías ver.
Cerró
la puerta y lo tomo de la mano. Se dieron un beso, ya sin los efectos del
alcohol sintió el picazón de la barba de su compañero.
Pasaron
todo el domingo juntos, conversando, viendo futbol, cocinando.
Sonó el portero
- Diga – dijo David desde el teléfono del portero eléctrico.
- - Soy yo – era la voz de Marta
Hubo un largo silencio
- - Déjame pasar, traje ñoquis como te gusta a vos, hoy es 29.
@JAT_writer
@Mentedementa2

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