Ir al contenido principal

Entradas

Bar Filólogo

  Era 1970, recién llegaba a Buenos Aires. Después de un viaje en colectivo de más de doce horas, quería estirar las piernas. Eran casi las 9 de la noche. Caminé cerca de media hora buscando una iglesia, quería agradecer frente al sagrario que había llegado sano y salvo. Lo único que encontré abierto fue un bar. Se llamaba “Filología”, entré y era el clásico bar de caballeros. Todos los muebles de madera, la barra larga y una exhibición de cientos de botellas a medio consumir. Seis u ocho mesas de madera, rodeadas de sus sillas, alumbradas por una luz tenue. Lo único llamativo era que en vez de los cuadros colgados, adornando las paredes, había estanterías repletas de libros. Me acerqué a la mesa que compartían dos caballeros y antes de poder preguntarle si conocían alguna iglesia o capilla abierta, me invitaron a sentarme. -        Bienvenida señorita, me llamo Jorge Luis. Soy antifútbol, antiperonista y ateo. Mi comida favorita es la japonesa -...

Lenguas desbocadas (cuento colaborativo)

El    aeropuerto Kennedy de Nueva York era como estar dentro de un hormiguero. Alrededor de sus ocho terminales, miles de “hormiguitas” en constante movimiento llegaban o partían desde cualquier parte del mundo.      Los recién llegados estaban hartos de un viaje, por completo antinatural; que incluía cambios de usos horarios. Presos por horas a miles de metros de altitud, en un espacio reducido, ansiaban salir lo antes posible del aeropuerto y todo lo que tenía que ver con él. Algunos huían en taxi, en metro o en sus autos particulares.      Un grupo de recién llegados, hacían cola detrás de una furgoneta, ese vehículo comercial ligero con capacidad de carga. Con vidrios polarizados  y un cartel de: “latinos 50% off”; que se anunciaba con destino al centro de la gran manzana. Hablaban en español e inconscientemente se iban acercando otros latinoamericanos, al encontrar algo suyo en este territorio yanqui.      El chofer se lla...